Comunicado del Rector
Soy el rector y me siento en el deber con las familias que siempre han creído en el colegio, con sus bachilleres y sus alumnos, de expresar mi posición frente al contenido de la información aparecida en la revista Semana, en la edición del 29 de agosto.
1. La libertad en general:
Creo en ella y la defiendo. Es uno de los más importantes logros de la cultura occidental. Y aun cuando a veces podamos sentir que la padecemos, bien vale la pena, como individuos, pagar un pequeño precio para sostenerla.
Desde su fundación el Instituto ha mantenido en alto el más profundo aprecio por la libertad. Le enseña a sus alumnos, desde la infancia, a practicarla. No le tememos a su expresión ni hacemos ningún esfuerzo por ocultarla o disminuirla en este colegio. Creemos que la libertad es la garantía fundamental de la felicidad y el progreso. Una creencia así de firme, debe expresarse en los hechos y es en ellos, donde muchos pueden estar en desacuerdo con nosotros. Por ejemplo, hay quienes no aceptan la idea del colegio mixto, de la inexistencia del uniforme como prenda de la vida diaria, de la ausencia de filas obligatorias para todo, de la falta de avisos restrictivos, de no tener prefectos de disciplina, de permitirle a los alumnos expresar libremente sus opiniones... Por fortuna para quienes tienen otras ideas educativas, la Constitución garantiza la variedad de colegios y de estilos pedagógicos.
Desde pequeños, niñas y niños van creciendo en este universo, van amándolo y apropiándose de él. Aspiramos por supuesto, y es el primer ejemplo que les damos, a contar con el respeto como con la condición elemental para el ejercicio de la libertad.
Cuando vienen por primera vez las familias en busca de un puesto, recorren con toda libertad el colegio en las horas de clase y suelen sorprenderse, por encima de cualquier otra consideración, de la evidente felicidad y tranquilidad de los alumnos.
Ahora bien, esa libertad va creciendo y siendo más fuerte a medida que la acción educativa del colegio y de la familia, le sirve de apoyo a los mejores deseos e intereses de la infancia y de la juventud. En su grupo van aprendiendo desde la niñez a respetar las diferencias y a convivir con aciertos y debilidades propias y ajenas. También por este camino, crece en ellos la comprensión, el afecto y la tolerancia. Al final, cuando se van los bachilleres, sentimos la satisfacción del deber cumplido.
A veces, y debo reconocerlo también, hay excepciones refractarias a la acción educativa. Quiero decirlo sin rodeos: La mayor preocupación que nos asiste cuando recibimos a un alumno más allá del segundo o tercero de primaria, es qué tan preparado podrá estar para vivir la realidad del Instituto. Por esa preocupación constante, solemos decirle a los padres cuando llegan por primera vez con sus niños al Jardín: "El Colegio les está abriendo la puerta pero ustedes deben tener la seguridad absoluta de que este es el colegio que buscan. La última palabra sobre la admisión, la tienen ustedes".
En poquísimos casos y a pesar de nuestros temores y precauciones, llegar al Instituto más allá de los primeros grados, no resulta siendo una buena experiencia. Solo unas convicciones familiares muy profundas en las virtudes de este tipo de educación, logran compensar la ausencia de una vivencia temprana de la libertad.
2. La libertad de prensa en particular:
No podemos ser inconsecuentes en ésto. La libertad de prensa es un bien absoluto de la democracia. Testimonio de ello es el mismo periódico del colegio, que a pesar de sus limitaciones debidas a ser un órgano escolar, no deja con frecuencia de levantar ampollas. Por esta razón, no albergo ningún sentimiento adverso a la revista que publicó ese informe ni al periodista. Si es objetivo, si consultó en profundidad a las fuentes, si es equilibrado, si fue asaltado o no en su buena fe, en fin y todo eso, no es asunto que pueda entrar a discutirle. No soy su juez y no soy su maestro. Hace parte de la esfera de su responsabilidad social y profesional y no puedo menos que sentir respeto ante la prensa libre. También la prensa ha destacado y desde hace años, las mejores cosas del colegio. Y como tengo la convicción de que le estamos prestando un servicio muy grande al país y a Antioquia, estoy seguro de que la prensa seguirá reconociéndolo.
3. El caso particular de la jovencita protagonista del artículo de prensa: Llegó al Jorge Robledo el año pasado al séptimo grado. Había estudiado antes al menos en dos colegios. En ninguna parte fuimos informados de que hubiese tenido dificultades previas de alguna índole. Como suele suceder en estos casos, el colegio presume que lo correcto es partir de cero, de tal manera que el alumno llegue sin marca de alguna clase a su nuevo entorno. Al principio, las relaciones con sus compañeros fueron excelentes. Al finalizar el año, empezaron a deteriorarse a raíz de sucesos que los alumnos vivieron con ella. Este año las cosas no empezaron bien pero no solo entre la joven y un grupito de alumnos, sino entre ella y el grupo. Fue perdiendo sus amistades una tras otra. El trabajo pedagógico logró recomponer las cosas, pero un nuevo suceso arruinó este logro. A partir de ese día no volvió al colegio. Cuando supimos del insuceso, se habló con ella y con sus padres, se les expresó tristeza y solidaridad y la mejor disposición del colegio para ayudarle en sus compromisos y en su regreso. Creímos que regresaría pero solo lo hizo a recoger sus útiles escolares y a cancelar la matrícula.
En las actas de los comités de evaluación y promoción y en los informes de los profesores, están consignados los esfuerzos del colegio para ayudarle en la superación de sus dificultades académicas y formativas. El testimonio de sus compañeros, de los profesores directores de grupo,
y de profesores que estuvieron muy cerca de la joven, difieren de manera notable de la versión periodística e incluso dibujan un escenario contrario al allí descrito.
De las causas últimas de todo lo acontecido, no me pronunciaré acá. Por mi formación y mi experiencia me he dibujado un cuadro completo del asunto y por supuesto va mucho más lejos de lo que en la revista aparece como causa.
4. Qué hacer: Primero que todo, aceptar los hechos. Para el colegio y para mi en particular, es doloroso. Los que por naturaleza estamos dedicados a la formación de la niñez y la juventud, sentimos con especial fuerza sus padecimientos.
Segundo, tratar de sacar de los hechos la mejor enseñanza. Cada cual según su interpretación de la realidad, establecerá una referencia con respecto a ellos. Las familias, los muchachos, los maestros, el rector...
Tercero, no desfallecer. La Escuela es muy frágil. Un intelectual alemán decía que a los maestros nos respetan mucho por la tarea que hacemos, pero también nos pueden odiar porque esa tarea la ejercemos con menores de edad.
Debemos mantener la confianza en el Instituto Jorge Robledo. A quienes vacilan, saquen fuerzas del amor de sus hijos por el colegio. Y a quienes de manera irremediable la han perdido, debo decirles que lo lamento, que nunca los hemos engañado. Cuando hace unos años la prensa nacional empezaba a destacar con mucha amplitud el aporte del colegio al país, decía: -Ojalá no dijeran nada, porque toda esta fama algún día nos la cobran...
Por último, quiero decirles que le he pedido al señor Secretario de Educación de Medellín, como funcionario que tiene a su cargo la Inspección y Vigilancia de los establecimientos educativos, que investigue en profundidad los hechos. El colegio tiene las puertas abiertas para ello.
Federico García Posada
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