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La Convivencia
Tal vez la mejor imagen para comprender la razón de ser de la convivencia, es la que presentó el filósofo Shopenhauer: Cuando el frío acosó a una colonia de erizos, éstos se apretujaron entre sí tanto, que se hirieron con sus púas unos a otros. Al separarse huyéndole al dolor, sintieron de nuevo frío... Así encontraron poco a poco la distancia apropiada para calentarse entre todos y no hacerse daño.
Convivir es definir y sostener ese equilibrio entre la independencia individual absoluta que es interior y las puras exigencias sociales que son externas.
Un Colegio, en este caso nuestro Instituto, es un mundo complejo, mucho más complejo que la familia, pero no tanto como las complicaciones a las cuales nos enfrentamos en la vida adulta. A él llegan los alumnos con los aprendizajes que traen de sus casas y salen al mundo con las transformaciones que les haya dado el colegio. En éste, hay relaciones entre mayores y menores, alumnos y profesores, padres y profesores; relaciones con el espacio y con el tiempo, con emociones profundas como la amistad, el compañerismo, la rabia; ideales y temores... Exigencias de la “opinión pública” y convicciones personales. En fin, hay tantos factores en juego, que la convivencia, sin darnos cuenta, puede ser sustituida por la fuerza de las normas y abandonadas las creencias. O, al contrario, cambiada por el imperio de lo fácil y lo caprichoso y despreciadas las normas. Es un juego de extremos en el que se necesita tener, para mantener el equilibrio justo, convicciones pedagógicas profundas. Aún así, esas convicciones están sometidas al vaivén de demandas muchas veces razonables, sistemáticas y animadas de un examen muy cuidadoso y otras veces a juicios ocasionales, poco reflexivos, pero afianzados en nosotros por efecto de la propaganda. |
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